En marzo estuve en Chile, y entre las distintas experiencias, tuve un dialogo que vale la pena compartir. Es una conversación con un viejo amigo, con quien compartí la sala de clases desde kinder, preparamos la PAA juntos y fuimos compañeros en economía. En la universidad le decíamos el “guatón macro” por su insuperable habilidad en macroeconomía. Al final de la carrera decidió partir al seminario jesuita, donde lleva ochos años formándose. Dado que sus lucidos cuestionamientos a lo establecido comenzaron en forma bastante precoz, en la época de colegio muy pocos habrían apostado a una vocación religiosa para el. Afortunadamente sus ganas de buscar un sentido a todo esto lo llevaron a tener pocas ataduras.
Hace tiempo que no hablábamos, y desde entonces había pasado mucho. No era claro que seguíamos siendo los mismos. Cada uno traía su mochila llena de nuevas lealtades. Hablamos por un rato para ponernos al día. A poco andar, y siguiendo su instinto de cuestionar lo establecido, llegamos a preguntarnos por nuestro rol como economistas,. Fue entonces cuando me comenta lo siguiente: es importante saber desde donde uno esta transmitiendo. Al principio no le entendí. Luego, y después de un silencio un poco incomodo, me explico el punto. No es creíble luchar para generar justicia si no transmitimos desde la injusticia. En buen chileno; ojos que no ven, ojos que no sienten. Estaba claro, entonces, que su experiencia en campamentos le transmitía a su otra mitad economista.
Mas tarde durante la misma conversación concluimos que la mitad economista también debía transmitirle fuertemente a su mitad jesuita. Y es que producir justicia no es cosa simple. No basta con tener el norte claro, se necesita conocer el camino. El economista es como el arriero que ayuda a subir la montaña. Un buen arriero es quien conoce la geografía de la montaña, sus quebradas, vertientes y glaciares. Puede que no sepa el motivo de la aventura, pero sabe que los atajos son el peor amigo para quien busca la cumbre. Aunque la economía no hace juicios sobre los fines e intenciones, ignorarla puede hacer que nuestros esfuerzos para generar justicia solo logren tranquilizar nuestras conciencias.
La historia nos ha mostrado que una alianza entre estos dos mundos, la ciencia económica y el anhelo de justicia, no es un elemento garantizado. Por una parte el anhelo de justicia, que siendo un valor profundo ha llevado a muchos a proponer distintos atajos para subir la montaña. También es cierto que como economistas frecuentemente pecamos de timoratos. Cuando nos invitan a subir el cerro a veces preferimos quedarnos tranquilos y seguros al pie de la montaña.
El dialogo me deja tres lecciones. Primero, la importancia de conectarse personalmente con la injusticia para transmitir un mensaje creíble. Esta idea, por muy simple que parezca, es bastante rechazada por nuestra cultura, porque levanta el tema de la integración social en su mas amplio sentido. Probablemente es más cómodo ayudar sin “conectarse”, hacerlo por control remoto, sin tocar ni visitar al otro. De ahí la importancia de proyectos como la Misión País o Un Techo para Chile, que permiten que profesionales jóvenes transmitan desde la experiencia. Hay que ver cuanto nos dura el apasionamiento universitario.
Segundo, la necesidad de ser más explícitos sobre nuestro rol como economistas. Como gremio no hemos tenido suficiente comunicación con los aventureros; somos buenos para generar anticuerpos hablando en complicado. Tanto así que mi amigo tiene claro que buena parte de sus esfuerzos estarán dedicados a traducir lo que ambos mundos deben escuchar.
Finalmente, y como la comunicación es circular, el mismo principio se debe aplicar al otro lado de la mesa. Los apasionados que buscan subir la montaña debieran apoyarse y hacer equipo con los arrieros si efectivamente queremos construir una sociedad mas justa. Parafraseando a Parra; economistas y jesuitas unidos jamás serán vencidos.
Buen artículo, comparto las ideas, sin embargo dejas fuera el rol de los políticos, que son quienes en teoría deben llevar a la práctica las políticas adecuadas. Mi opinión es que en la mayoría de los casos ellos ven y entienden el otro lado de la moneda, sin embargo sólo rescatan aquello que más vende desde el punto de vista de sus creencias políticas, con un fin utilitarista (elecciones, poder, o dinero en estos tiempos).
Yo creo que antes de poder hacer equipo entre arrieros y apasionados, debemos asumir como sociedad que lo importante no son cada uno de los lados, sino lo que ambos pueden llegar a construir en conjunto.
Saludos.