Crecimiento Economico; para que?

En términos simples uno podría decir que existen dos canales para reducir la pobreza de un hogar: o se genera más o mejor empleo, o se reciben transferencias públicas.


Y aunque los indicadores de pobreza normalmente usados son indiferentes frente a cualquiera de estos canales, las recomendaciones de Amartya Sen para medir pobreza sugieren lo contrario. El tener la capacidad de “participar” en la sociedad relata el argumento, genera un valor en sí mismo al otorgar libertad, independencia y dignidad al individuo. Y tener un trabajo digno es quizás la forma más evidente de participar en la sociedad. En consecuencia, una reducción de la pobreza que se obtiene por generación de empleo generaría mayor bienestar social que una reducción equivalente conseguida a través de transferencias públicas.

Es importante tener cuidado al interpretar del párrafo anterior. El argumento no hace un juicio a favor de políticas pro empleo y en contra de políticas distributivas, sólo dice que el bienestar es mayor cuando alguien sale de la pobreza al encontrar un trabajo si se le compara con alguien que recibe un cheque del Estado. Más aún, a la hora de buscar estrategias para la política social es fácil ver que ambas son más bien complementarias. Por una parte, uno quisiera promover empleo para facilitar salidas de la pobreza y, por otra, focalizar transferencias que ayuden a suavizar caídas a la pobreza.

Esta dimensión ética asociada al crecimiento económico, y que tiene relación con su capacidad de generar empleo, es comúnmente ignorada en la discusión pública. Tanto así que cuando el gobierno o un político proponen medidas que atentan contra el crecimiento económico ninguna asociación de desempleados en situación de pobreza sale a hacer una protesta. ¿Por qué? Porque no existe. Son justamente ellos, los desempleados (o subempleados) en situación de pobreza quienes no “participan” en la sociedad formal. Por lo mismo, a ellos debemos nuestra mayor lealtad. También es cierto que no hacemos muy bien nuestra pega de abogados defensores. Nuestro lenguaje y capacidad de comunicación son tan pobres que muchas veces da la sensación de que estamos defendiendo intereses corporativos más que trabajos dignos cuando abogamos por políticas pro crecimiento.

Dada nuestra precaria habilidad para comunicar ideas profundas, no debemos extrañarnos cuando políticos que buscan maximizar votos proponen ideas que atentan contra la competitividad de nuestra economía. Si queremos seguir erradicando la pobreza al ritmo de los últimos veinte años debemos ser capaces de explicitar y verbalizar la dimensión social del crecimiento económico, que se basa fundamentalmente en su capacidad de generar empleos a través del emprendimiento individual y colectivo.

Hasta el momento el argumento a favor del crecimiento económico ha sido más bien teórico. Sin embargo, hace falta mirar los datos y preguntarse si efectivamente el crecimiento económico ha contribuido a reducir la pobreza o si, por el contrario, las oportunidades generadas llegaron exclusivamente a los sectores de mayores ingresos.

Para responder a esta respuesta Contreras (2003) utiliza la descomposición propuesta por Datt & Ravallion (1992) y encuentra que en Chile más de un 80% de la reducción de la pobreza se explica por el efecto crecimiento. Posteriormente, el mismo Contreras en conjunto con otros académicos de la Universidad de Chile usan la encuesta panel 1996-2001 y concluyen que el crecimiento es “pro pobre”, en el sentido de que los mayores beneficios fueron capturados por los mas pobres de la población. Esto significa que existe cierta convergencia: quienes comienzan con mayores ingresos tienden a ganar menos o incluso perder recursos como es el caso del quinto quintil, mientras que quienes comienzan en pobreza tienden a ganar más.

En suma, y aunque golpee el pequeño orgullo de quienes trabajamos en política social, la evidencia sugiere que el emprendimiento económico de la sociedad civil ha hecho cuatro veces más para reducir la pobreza que todos los programas sociales diseñados por nuestros escritorios. Los hogares de menos recursos son agentes de su propia historia y generalmente tiene éxito escribiéndola. No es para desanimarse, sino para construir políticas sociales que canalicen la energía de emprender, como lo hace Fondo Esperanza cuando confía en microempresarios que no son aceptados por el sistema financiero. Confiar en las personas. Entregar derechos y oportunidades, pero sobre todo, responsabilidad y protagonismo.

Columna publicada el 19 de Junio en Pag 3 del Diario Financiero.

http://www.df.cl/dfs/columnistas/felipe_kast.html

 

Hola Felipe,

Interesante artículo, pero me gustaría plantear algunas ideas que me hacen dudar de la validez del concepto de crecimiento económico.

El Global Footprint Network, cuyo sitio web recomiendo ver, en un grupo de intelectuales y científicos reunidos en torno al concepto de la huella ecológica. Se trata de un índice de sustentabilidad, que mide la cantidad de hectáreas biológicamente productivas que demanda una persona (la superficie que es capaz de producir los recursos que el individuo consume y asimilar los residuos que genera). La GFN ha determinado la huella ecológica de los diferentes países desde la década del '60 (descargar la planilla excel con la info), y se puede ver a simple vista una correlación directa entre PIB (indicador sobre el cual se mide el crecimiento económico) y huella ecológica. Así, el habitante promedio de EE.UU. demandaba 9.6 hectáreas en 2003, frente a las 0.6 requeridas por el habitante promedio del Congo.

Según los datos del 2003, la oferta per-cápita de biocapacidad a nivel planetario era de 1.8 hectáreas, frente a la demanda de 2.2 hectáreas del habitante promedio del mundo. En otras palabras, la sociedad actual consume el 122% de la capacidad productiva del planeta. esto se consigue consumiendo no sólo los intereses que la Tierra provee sino también su capital, en detrimento de las posibilidades de las generaciones futuras de satisfacer sus necesidades.

Entendiendo que el crecimiento económico implica necesariamente el consumo de más recursos y la generación de más residuos, y ante las posibilidades de colapso ambiental de nuestra civilización (como ocurrió en La Isla de Pascua a mediados del milenio pasado, ver este artículo), surgen dudas sobre la factibilidad del concepto en cuestion.

Es lógico que no basta simplemente con meter al congelador la economía mundial (sería imposible hacerlo dadas las situaciones de pobreza vergonzosa en paises como Haití o Burunbi). Nuestra sociedad debe dejar de crecer económicamente, pero sólo será posible si va de la mano con una redistribución dramática de la riqueza a nivel mundial. Suena utópica la alternativa, pero ante la gravísima situación ambiental que nuestra sociedad vive, los cambios deben ser radicales.

Te invito a que leas un artículo que escribí sobre el crecimiento económico.

Saludos, Juan Carlos

www.ecologíadelsur.cl

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS
Cerrar